Alma y paisaje
Conocí a Isidoro Moreno en Albarracín, enclave donde se perciben de manera singular las fuerzas de la Naturaleza; allí, las potencias telúricas entrañan al hombre en la roca y le hacen sentir como parte de la historia del Mundo. No es por tanto casual que dos pintores, uno joven y otro adentrado ya en los derroteros de la vida, coincidieran en este lugar y en asuntos que a ambos apasionaban desde siempre, aun sin conocerse, como lo es la comunión con el Paisaje, en un afán de expresión, de comunicación de vivencias. Ambos lo hacemos aferrados a un lenguaje, la pintura materia, la pintura signo, la pintura color, en la conciencia de que con la necesaria destreza, pero con suma humildad, se pueden desvelar los secretos celosamente guardados por la tierra.
No sé si Isidoro es consciente, ajeno a gratuitas modas y a veleidades tan en boga, de que con su pintura descorre velos de oscuridad y oferta revelaciones inéditas a aquéllos que se plantan delante de su obra. También lo hacía Jean Dubuffet, con dispar estilo pero utilizando la misma gramática cuando –ya no en su obra pictórica densa en su propia materia, sino en sus dibujos- recreaba ilusoriamente en una superficie plana, sin relieves, los accidentes con que se mostraban ante su vista lo orgánico y lo inorgánico, como oferta de un placer profundamente sensorial en su sugerencia de lo táctil.
He tenido la fortuna, no sólo de descubrir la obra de Isidoro, sino de verle pintar, y he sentido cómo él entiende los elementos –aire, agua y tierra- como un conjunto absoluta y necesariamente asociable en los códigos de la Pintura; mancha, signo y textura suponen, en su obra, medio y fin hacia una comunicación trascendente.
Conoce muy bien nuestro pintor la necesidad de discernir, resumiendo las ofertas del paisaje en su discurso pictórico, y de su alma castellana fluyen a borbotones, pero ordenada y cadenciosamente, manifestaciones de amor y de pasión por la vida, de las que todos deberíamos ser partícipes.
José María Rueda Andrés
Pintor
Profesor de la Facultad de
Bellas Artes de la Universidad
Complutense de Madrid